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04.02.2019

Cinco sesgos mentales que están reduciendo tus ahorros

¿Carne o pollo? ¿Llamo o escribo? ¿Sobrepaso o espero? ¿Café grande, mediano, chico? Tomamos 35.000 decisiones al día y la mayoría pasan desapercibidas. Decide y sigue. ¿Cómo nos las arreglamos para hacer tal cosa? Es evidente que habremos de recurrir a uno que otro atajo mental. Si no podemos juzgar ahora mismo, habrá que recurrir al prejuicio. Podemos procurar ser tan racionales y reflexivos como podamos, pero el mundo nos obligará a actuar automáticamente, y eso cada pocos momentos.

¿De qué prejuicios hablamos? Muy bien. Durante muchos años, la noción general ha sido aceptar que podemos escuchar a nuestras corazanadas en ciertas materias, pero ni pensarlo cuando se trata de dinero. Se redactó muchos textos de economía que seguían esa noción general. En eso, una epifanía, y un par de científicos alegan que en realidad es con el dinero con quien menos racionales somos. Será que es de lo más misterioso. ¿Cuánto vale algo? ¿En qué debo gastar tanto? ¿Compro esto hoy o mejor esto otro mañana?

Pronto caemos en cuenta que se trata de otro tipo de preguntas, pero el entorno nos obliga a responderlas con la misma rapidez. "Hemos descubierto que los errores son sistemáticos, los podemos predecir". Eso concluyeron Daniel Kahneman y Amon Tervsky, los científicos en cuestión. Y con ellos nació el estudio del Behavioral Economics. Estos sesgos son parte de nuestra naturaleza. No procuramos ni pretendemos despojarnos de ellos. Pero creemos que, si logramos comprenderlos, nuestra salud financiera (personal, familiar y como sociedad) cambiará profundamente.

Aquí te dejamos cinco sesgos del comportamiento que intervienen en nuestro manejo del dinero. Responde las preguntas y compara tus resultados con los hallazgos del experimento.


money shoegaze

Present Bias

El sesgo del presente es nuestra tendencia a sobrevalorar las gratificaciones del presente frente a los beneficios del futuro. ¿Por qué, pese a que decimos que sí queremos ahorrar, rara vez logramos hacerlo? Son el aquí y ahora, que se entrometen una y otra vez. Nuestros impulsos están atados a nuestra satisfacción inmediata, y solo cuando nos ponemos reflexivos caemos en cuenta de la importancia de pensar en el mañana.

¿Qué prefieres?


Anchoring

El efecto de Anclaje fue uno de los grandes descubrimientos de Kahneman y Tversky: el primer número que irrumpe en nuestros cálculos es preponderante durante el resto del proceso. Que tenga sentido es lo de menos. Sea cual sea, la primera impresión es la más importante, y nos cuesta muchísimo quitárnosla de encima.


Aversión a la pérdida

Ganar dinero y perder dinero no son lo mismo; lo sabemos bien. Pero uno es más intenso que el otro, ¿no es verdad? Según los cálculos de Kahneman y Tversky, la sensación de perder un dólar es semejante a la de ganar dos. Es uno de los motivantes más poderosos entre la relación entre el dinero y sus usuarios: estamos aterrados de perderlo, y estamos dispuesto a tomar riesgos y llevar esfuerzos considerables para que aquello no suceda.

¿Qué prefieres?

Contabilidad

Contabilidad Mental

Tendemos a categorizar nuestro dinero, y nos relacionamos con él de manera distinta según su origen y destinto. Por ejemplo: es factible que gastemos el reembolso de los impuestos como si fuese un premio inesperado, como si nos lo hubiésemos "ganado". Pero ese reembolso no es más que el salario de siempre, devuelto en diferido.

Si fuésemos completamente racionales, trataríamos a todos nuestros recursos de la misma forma, y todo nuestro dinero sería igual de flexible. Pero no es el caso. El dinero es tan abstracto que solemos adherirle otras facultades para facilitar nuestra relación con él. Le damos significado. Ligamos nuestras emociones con él, y dividimos nuestros expendios según esas relaciones.

Escenario 1

Imagina que has decidido ir a una función de teatro y has adquirido un ticket por $10. Mientras estás ingresando, caes en cuenta que lo has perdido. El asiento estaba marcado, y no puedes recuperar tu ticket. ¿Comprarías otro?

Falacia de Planeación

Tendemos a ser demasiado optimistas con nuestros planes a futuro, pese a que antes hayamos fracasado en proyectos similares. ¿Por qué seguimos imponiéndonos expectativas que no son realistas? Regresemos al sesgo del presente: creemos que mañana lo haremos mejor. Siempre visualizamos el mejor escenario posible. Pero cuando el futuro se convierte en presente ya somos los mismos de siempre.

La realidad es esta: todos nos trazamos metas y a todos nos cuesta cumplirlas a cabalidad. En un estudio de 1994, se le preguntó a 37 estudiantes cuánto demorarían en presentar sus tesis de grado. El promedio fue de 34 días; si todo salía perfecto, 27; si todo salía mal, 49. En realidad, el tiempo promedio fue de 55 días, y tan solo el 30% de estudiantes presentó sus proyectos dentro del plazo previsto.

Esta tendencia a no cumplir nuestros objetivos es especialmente prominente en el caso del ahorro: mientras los gastos y deseos se acumulan con urgencia, nuestros proyectos a futuro quedan relegados a segundo plano. Ten en cuenta este ejemplo. Dan Ariely y su equipo de investigadores están llevando a cabo un experimento en una aldea en Kenia. Buscan incentivar el ahorro en un poblado y están probando varios métodos hasta llegar al más eficiente. Ya han acordado con un banco facilitar un servicio para fondos de emergencia: que sea fácil depositar dinero, pero difícil sacarlo. Los ahorros crecen considerablemente, pero Dan quiere que crezcan todavía más. Así, prueba con cuatro métodos distintos entre los clientes registrados. ¿Cuál crees que fue el más eficiente?

¿Cuál fue la opción más efectiva?

    Un SMS a principios de la semana en el que el banco recuerda el fondo de emergencia.
    Un SMS a principios de la semana, pero redactado como si proviniese de uno de los hijos del cliente.
    Un SMS a finales de la semana, redactado por el banco, que recuerda del fondo de emergencia.
    Un SMS a finales de la semana, redactado como si proviniese de uno de los hijos.
    Una moneda grande que se le entrega a cada cliente: si es que sí ahorró esa semana, la raya de izquierda a derecha con su cuchillo. Si es que no, la raya de arriba hacia abajo.

Como decíamos hace un momento: no es nuestra intención evitar que estos sesgos se manifiesten. Son parte de la especie. Habrá veces que estemos tomando una decisión racionalmente acertada pero que intuitivamente lucirá incorrecta. La clave es reconocerlos. Estos sesgos muchas veces nos ayudan a tomar decisiones rápidas, de poco impacto. Pero para esas decisiones importantes, actuar sin reconocerlos puede jugarnos una mala pasada.

Chinese Cat Money

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