Equipo Übank
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14.05.2019

Ahorro Automático: Micro Ahorro

El Ahorro Automático está entre nuestros temas favoritos; uno de los núcleos de nuestra solución. Por eso, le hemos dedicado tres posts. Este es el segundo; puedes leer el primero aquí.

Acepto que se trata de un contrincante formidable. A ver si me explico: yo me limito a vivir mi vida, moderada prudencia, y se van sucediendo días y noches de esfuerzo, trabajo, disciplina. Los excesos son muy eventuales. Y en eso, una vez al mes, más ansioso que curioso, recurro a consultar el saldo en mi cuenta bancaria. A ver: contraseña, SMS, click aquí. Estado de cuenta. Te queda tanto. Al cabo de los años uno se va volviendo realista, y alguna vez, quizás, casi que le habré atinado, pero no he venido hasta aquí para engañar a nadie: el número siempre, siempre, siempre es menor al que pensé.

No me malinterpreten: no es que les hable un derrochador sin consciencia. Mis despilfarros han sido modestos, y hasta el momento, en ese aspecto, los sustos manejables. Pero creo que ha llegado el momento de mostrar un poco de firmeza: no es la primera vez que me dicen que mi futuro depende de mí. Así, arrancó el año y tomé una decisión: este mismo enero comienzo a ahorrar como un adulto. Puede que vaya a gastarme la quincena con la misma insensatez habitual, pero hoy, me dije, voy a ser más listo que yo mismo. Y voy a estar preparado.

Pensé en el que había sido, y en el que me convertiría, y ya estaba fantaseando en prosperidades distinguidas cuando me invadió el primer sobresalto: cómo, dónde, cuánto. ¿Sí me explico? La pregunta es esta: ¿cómo debe ahorrar un adulto? La intención es lo que cuenta, que eso quede claro, pero unos cuántos cientos pesos valen más que otros tantos. La clave, dicen, está en la ejecución. La pregunta se hizo otra. ¿Y ahora qué?

Lo que hice fue esto: doble papeleta en ventanilla. Cobré mi cheque de enero y por las mismas deposité 200USD(?) de mi sueldo en una polvorienta cuenta de viajes pospuestos; saldo quintuplicado. Salí rebosante de orgullo de la sucursal y esa misma tarde, sin darme mucha cuenta, celebré que empezaba mi futuro con unas buenas costillas. Y todo salió bien durante las próximas semanas. Quiero decir, viví más o menos como siempre, gastando con menos holgura pero también con menos recelo.

El día 23 recibí un correo electrónico: esos mismos audífonos que había visto en noviembre, 30% menos. Ocho horas para decidir. Click. Ocho mil reseñas. Calificación promedio: 4.5 gloriosas, voluminosas, estrellas amarillas. "Medios y bajos balanceados". "Estoy redescubriendo mi pasión." "Se me rompieron apenas llegaron, pero los nuevos andan bien". ¿Cuántos momentos musicales inolvidables me estaré perdiendo por quedarme con mis adefesios viejos? De hecho, me dije, paso tanto tiempo en el tráfico que ya se habrán pagado solos. Seis horas para decidir. En ingeniería los japoneses no se equivocan. “Es una inversión”. Tarjetazo, chikín; pasado mañana estarán allí.

¿Y la adultez acechante? ¿Y el control financiero retomado? Obvio: sentí la culpa en cuestión de minutos. No nos engañemos: suenan fenomenal. ¿Verdad? Buenos días, vengo a hacer un retiro. Esa misma noche, la Claudia lanzó su golpe de gracia. "Para mí que suenan igual".




De aquí en adelante, me dije, no toleraría otro despropósito semejante. Llegué al banco cargado de cadenas y candados, y yo mismo insistí en que se queden con las llaves. Lo que quiero decir con eso es que llené varios formularios: sí, quiero abrir una póliza. Sí, autorizo este débito cada tanto de cada mes. Sí, agradezco su tasa de interés. ¿De cuánto me dijo que está el débito? ¿Y en algún momento puedo cambiar ese valor? Ya veo. Ok. Ok, gracias. Sí. Sí, acepto. Nuevos cuestionamientos en mis adentros: ¿no estará muy pesada esta nueva carga? Cada mes un mismo valor.

Salía del edificio y seguía haciendo cálculos. ¿No estará muy liviana? Bueno, me dije. “Peor es nada”. Era una decisión muy adulta, de eso no había dudas. Pero sí me quedaba la incertidumbre sobre todo lo demás. ¿Era este el mejor camino posible?




El Ahorro Programado ya tiene un efecto poderoso sobre nuestras finanzas personales. Tan solo anotarse en el programa de ahorros de tu institución de confianza ya representa un incremento promedio del 81% sobre el capital acumulado. Eliminamos esa constante decisión de gastar o ahorro, y tenemos un mecanismo de compromiso como el que usó Ulises. Automatizamos y olvidamos. En cuestión de meses ya habremos gastado menos.

Pero nuestro colega confundido sí tiene su punto. El problema es que el compromiso del Ahorro Programado nos abre las puertas al “¿qué sucede si necesito ese dinero?” La incertidumbre nos asusta y nos hace fijar un monto bajo, inofensivo, que nos nos acercará lo suficiente a nuestras metas. Por el otro lado, no todos los meses son iguales. Si establecemos un monto alto, y nos obligamos a la austeridad, podremos conseguir ahorrar a buen ritmo durante cierto tiempo, pero luego nos encontraremos con gastos irregulares: la colegiatura, los aniversarios, cualquier imprevisto. Y nos veremos forzados a abandonar.

Nuestra vida, y nuestra vida financiera, están en constante movimiento. Esa es la pregunta que nos hicimos en Übank: ¿es posible que nuestros hábitos de ahorro se adapten a ella, y no al revés?

El Micro Ahorro es la respuesta que encontramos. También tuvimos nuestras dudas. ¿Cómo puede ser que ahorrar centavos del vuelto de nuestras compras o guardar $1 al día sea suficiente para viajar por el mundo o pagar la primera cuota del primer piso? Muy bien: se trata de la misma lógica de los gastos hormiga. Tal y como esos pequeños consumos, a primera vista insignificantes, se acumulan en cifras enormes (“¿en qué momento gasté todo este dinero?!”), podemos hacer uso de la tecnología para activar ahorros pequeños varias veces al día, y ahorrar más de lo imaginado. ¿Pero funciona?

En un ejercicio que hicimos en un banco en Chile, ofrecimos nuestra aplicación a 500 personas. Dividimos a los usuarios en tres grupos y les entregamos tres versiones distintas de nuestra regla: ahorrar $1 cada día, $7 cada semana o $30 cada mes. Cada usuario tenía la opción de modificar el monto y la frecuencia a su gusto, pero como bien sabemos, el monto predefinido suele parecer el correcto. Así, eligieron montos muy cercanos a los propuestos por la aplicación.

¿Qué sucedió? Los usuarios a los que les ofrecimos ahorrar $1 al día terminaron ahorrando 50% más que a los que les ofrecimos ahorrar $30 al mes. ¿Por qué? Según ellos, $1 al día era muy poco, y prefirieron modificar la regla a $1,5 cada día, ahorrando $45 al mes. Por el otro lado, cuando les ofrecimos ahorrar $30 al mes, redujeron el monto a $25. “30 ya se siente”. No es solo una cuestión aritmética: el Micro Ahorro otorga libertad; el compromiso es menor. Es más fácil imaginarnos gastando un dólar menos cada día en el futuro que 30 ahora mismo. En Ecuador replicamos lo mismo y el resultado fue aún más sorprendente. Este pequeño cambio de forma, de mensual a diario, hizo que los ahorros incrementen en un 62%.




Pero eso no es suficiente para hablar de una solución adaptativa. Así, con el tiempo, hemos ido desarrollando reglas que actúan en distintas facetas de la vida de nuestros usuarios. Compra un café de $3 y agrégale $2 con la regla Placer culpable. Sin notarlo ni cambiar tu hábito estarás ahorrando $2.

O tu equipo ganó 3-0. Con la Pasión futbolera ahorraste $3 con cada gol, y así de fácil agregaste $9 a tu meta. Si el ahorro programado mensual es rígido y poco personalizable a nuestro estilo de vida y a nuestras necesidades mensuales, el ahorro con reglas es lo opuesto. Flexible según mis gastos. Variable a tal punto que ningún mes tengo total certeza de cuánto ahorraré, pero tengo pleno control sobre las reglas en curso. Y es tan simple que no me exige cambiar mis hábitos: en vez de arrojarme gráficos de torta que me recuerden cuántos lattes me he tomado, es cuestión de poner la máquina en funcionamiento y olvidarme del asunto. Cada que consulte mi estado de cuenta tendré menos saldo disponible, pero más ahorros en mi haber.

No es sorpresa que nuestros más de cien mil usuarios ya estén ahorrando hasta 130% más que con ahorros programados. “Y ni siquiera me di cuenta”, nos suelen repetir.

No te pierdas una.


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